Latvala mostró en Montecarlo su peor cara otra vez

No siempre resulta fácil cambiar nuestros hábitos y nuestra personalidad. Eso es lo que le sucede a Jari Matti Latvala, uno de los pilotos más talentosos del WRC y también uno de los que peor controla sus impulsos. En el Rally de Montecarlo volvió a mostrar su peor cara, arrugando la carrocería del Polo R WRC en su primera pasada por el Turini.



El historial de Latvala está lleno de ejemplos de los excesos y percances de este tipo. Su gran asignatura pendiente como piloto es aprender a mantener la sangre fría, una lección que no aprendió en Ford y que por lo visto le va a costar hacerlo en su nuevo equipo. Fue un extraño déjà vu ver su coche volcado una vez más en las nevadas cunetas monegascas.

Sin embargo, Latvala no es un tipo orgulloso: suele asumir siempre sus errores con responsabilidad, sin tratar de buscar excusas. También esta vez lo ha hecho, consciente de que había defraudado a su equipo y a todos cuantos han puesto su confianza en él esta temporada, viendo en el finlandés como probable sucesor de Loeb en el trono del WRC.

Su sincero arrepentimiento y sus palabras de disculpa no han sido suficientes para aplacar la desconfianza en el seno de Volkswagen. Pero no hay que dramatizar, el campeonato acaba de comenzar y la calidad de Latvala está fuera de toda discusión. Hay tiempo para rectificar: dentro de  tres semanas le espera el Rally de Suecia donde tendrá la oportunidad de intentar reeditar su espléndida victoria de la pasada edición y demostrar a todo el mundo que es uno de los grandes favoritos al título, a pesar de él mismo.

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